Efraín Martínez Figueroa | EMF Consultoría Política

Detrás del éxito de un gobernante o candidato

La reelección en México

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“Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo el más sagrado e indispensable de los deberes”

Maximilien Robespierre

Hablar de reelección en México es remontarnos a la historia, no podemos visualizar la adopción de este instrumento jurídico constitucional, sin analizar las diversas etapas en las que se instituyó, su aceptación o rechazo por la oligarquía y el pueblo, sin olvidar un elemento sociológicamente fundamental, nuestra idiosincrasia.

En 1812 se aprobó la Constitución de Cádiz por las Cortes Generales de España, la misma establecía los principios constitucionales para regular a América como parte del Imperio. En su artículo 110 se imposibilitaba la reelección inmediata al plasmar lo siguiente: “Los Diputados no podrán volver a ser elegidos, sino mediando otra Diputación”. Lo mismo se transcribía en el artículo 57 de la Constitución de 1814 para la libertad de la América Mexicana y en el artículo 38 de la Constitución Francesa de 1791.

Posteriormente, los textos constitucionales de 1824, 1836, 1843, 1857 y 1917 no prohibían expresamente la reelección legislativa, sino hasta la reforma de 1933 en la cual se contempló lo contenido hoy por el artículo 59: “Los Senadores y Diputados al Congreso de la Unión no podrán ser reelectos para el periodo inmediato”.

En cuanto al Poder Ejecutivo, no podemos dejar de mencionar a Porfirio Díaz, quien fuera Presidente de México en dos ocasiones, la primera del 5 de mayo de 1877 al 30 de noviembre de 1880 y la segunda, del 1 de diciembre de 1884 al 25 de mayo de 1911, fecha en que renunció. La mayor parte del periodo como gobernante la ejerció gracias a la aprobación en 1888 de una reforma constitucional, la cual permitía la reelección inmediata e indefinida.

La Constitución de 1857 facultaba la reelección indefinida del Presidente de la República con mandatos de cuatro años, basados en una copia fiel de la Constitución de Norteamérica, ello llevó a reelegirse a Benito Juárez de 1857 a 1872.

Es precisamente una de la causas de la revolución mexicana, el movimiento antireeleccionista liderado por Francisco I. Madero. Actualmente, nuestra Carta Magna comprende en su artículo 83 el principio de no reelección absoluto: “El Presidente entrará a ejercer su encargo el 1º de diciembre y durará en él seis años. El ciudadano que haya desempeñado el cargo de Presidente de la República, electo popularmente, o con el carácter de interino, provisional o substituto, en ningún caso y por ningún motivo podrá volver a desempeñar ese puesto”.

La idiosincrasia del pueblo mexicano es muy particular, denota inferioridad, insuficiencia y resentimiento acumulado durante un largo proceso histórico desde la colonia. Los engaños, abusos, decepciones, desigualdades e injusticias han originado desconfianza y timidez en la toma de decisiones, simplemente se ha aprendido a callar y olvidar el pensamiento.

Vivimos una democracia representativa y tratamos de dar paso a una participativa con la reforma política a discusión: consulta ciudadana, iniciativa popular, candidaturas independientes y reelección, entre otras.

Según una encuesta aplicada por “Consulta Mitofsky”, 8 de cada 10 mexicanos no están de acuerdo con la reelección. Aunado a lo anteriormente expuesto podemos citar a la ignorancia del pueblo mismo, hemos evolucionado pero aún no somos una sociedad madura para reelegir a legisladores, alcaldes y gobernadores.

La partidocracia y familiacracia son dos manifestaciones de la oligarquía, ambas provienen de un círculo muy cerrado del empresariado (aristocracia), los políticos (burocracia) y líderes sociales. Por lo tanto, si el poder lo tienen tres o cuatro familias incluso en municipios, no puede haber reelección.

De conformidad con una investigación de “Compra y coacción del voto” de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y el Instituto Federal Electoral (IFE), en el año 2000 las acciones de manipulación fueron en un 71% experimentadas predominantemente en las secciones rurales o mixtas y 59% entre las personas con menores niveles educativos, quienes no habían alcanzado la primaria.

Otro modelo ejemplar, son las pasadas elecciones en el Estado de México, de una población de 15.1 millones de habitantes y una lista nominal de 10.5 millones de electores, sólo votaron el 46.1%.

Entonces, ¿está nuestro país para la reelección?.

A partir del análisis histórico, sociológico, educativo, cultural y electoral, México no está preparado para la reelección, estamos distantes de una sociedad democráticamente avanzada.

Es prioritario elevar la educación, la cultura política e implementar el plebiscito, el referéndum y la iniciativa popular, previamente a la reelección.

La democracia no se instaura, se practica, todavía no estamos instruidos ni para la reelección, ni para la revocación de mandato.


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