
Por José Luis Camacho Acevedo | @jlca007
Después del campanazo periodístico que dio Ciro Gómez Leyva cuando logró que fuera en su noticiero matutino donde el ex gobernador de Sonora Guillermo Padrés decidiera presentarse para decir que se entregaba a las autoridades, Federico Arreola publicó una columna en SDP en la que se lamentaba que la revista Proceso, en su edición del domingo siguiente a la entrevista mencionada, no consignara para nada un evento periodístico tan relevante.
Hace tiempo que Proceso solamente ve lo que le conviene.
Ya ni siquiera ve lo que serían calificadas como sus líneas editoriales críticas con mayor peso a través de sus 40 años de historia.
Pero lo que a final de cuentas importa es reflexionar sobre las audiencias que tienen Proceso, tanto en su edición escrita como en portal digital; y la que tiene el noticiero de Radio Fórmula, Ciro por la mañana, que ya suma más de un año como indiscutido líder en las preferencias del público.
¿Cuál es la razón del lamento de Federico Arreola porque Proceso no publicó ni una línea sobre la exclusiva de Ciro y la tácita entrega de Guillermo Padrés a la PGR?
No sé cuántos ejemplares de su edición escrita venda cada semana Proceso.
Esa cuantificación no la he realizado por la sencilla razón que no ha existido un motivo importante para mis lectores que lo amerite.
No creo que Ciro haya perdido mucha difusión de su exclusiva por no salir en Proceso.
Es más, me atrevo a decir que un alto porcentaje de los que todavía compran la edición impresa de la revista fundada por Julio Scherer, sí vio en el noticiero de Ciro en Fórmula el escalofriante episodio de la entrega tácita de Padrés a las autoridades.
El lamento de Arreola es una actitud solidaria con su amigo Gómez Leyva.
Solo eso.
O sea que Ciro no perdió nada de audiencia por el hecho de que Proceso lo ignorara como dice Arreola.
Y con la mesura que siempre ha caracterizado a Gómez Leyva, no hizo ninguna mención en sus noticieros, el matutino en Fórmula y el nocturno en Imagen, de la columna de Arreola sobre la antiperiodística actitud editorial de Proceso.
Una pregunta: ¿Qué pesó más en este lance mediático? ¿El hecho de que Proceso haya ignorado a Ciro o que Ciro no considerara relevante la omisión de la revista sobre su exclusiva, la cual sigue siendo comentada en varios importantes espacios mediáticos?
Respuesta obvia.
Y para mal fario de Proceso, al principio de la semana que corre Carmen Aristegui difundió un video de la ceremonia en la que una organización le entregó un premio por su trayectoria en el periodismo.
Carmen mencionó en su intervención sus personales dilemas. Consideró una persecución gubernamental el que un juez haya calificado como difamatorio lo que publicó en el prólogo del libro sobre la Casa Blanca.
Si hubo línea oficial al juez, qué grave retroceso en nuestra libertad de expresión.
Y para colmo los torquemadas oficiosos de Carmen, lo hacen justo cuando la Corte echa para atrás la iniciativa del derecho de réplica que no era sino una forma de censura maquillada.
Aristegui mencionó en su discurso a personajes de Proceso que ya murieron lamentablemente.
Scherer, Leñero, Granados Chapa.
No hizo una referencia significativa de los actuales editores de esa publicación.
En su último número Proceso vuelve a retomar el tema de La noche de Iguala.
Dedica una portada a Tomás Zerón y apunta una cabeza digna del periodismo policíaco de los años 40:
Clave, la investigación interna sobre Tomás Zerón.
Esa es la “novedad” que ofrece Proceso a sus lectores.
Zerón, Murillo Karam, José Luis Abarca, su esposa, Ángel Heladio Aguirre Rivero, Marcelo Ebrard, Rubén Figueroa y otros actores ligados por diferentes causas a la masacre de estudiantes de Ayotzinapa, ya son cosa juzgada.
El país se cimbra ante la incapacidad gubernamental de reaccionar profesionalmente al triunfo electoral de Donald Trump en Estados Unidos.
Da más temor la inoperancia gubernamental como la mostrada en las declaraciones de Ildefonso Guajardo sobre la salida de EU del TTP o las recomendaciones de la canciller Ruíz Massieu para proteger a nuestros paisanos radicados en el vecino país.
Y como en el caso de Ciro y su entrevista a Padrés, Proceso no considera el interés de la audiencia en esos temas y se va por el viejo camino de ser el juzgador de un acto criminal ya muy trabajado periodísticamente.
Pues como diría el inolvidable Jorge Luis Borges en su ensayo Otras inquisiciones, ensayo en el que el genio argentino de la literatura revela sus preferencias en las relecturas que hace de Pascal, Quevedo, Wilde, Kafka y otros, y de donde se colige que la realidad de cada quien tiene por condición fatal el ser inalienable.
Si esa realidad está equivocada, como es el caso de los criterios editoriales de Proceso, eso ya es otro cantar.

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