
Ante una ciudadanía organizada desde el momento del sismo al salir a las calles solidariamente a ayudar en el sentido amplio, las autoridades gubernamentales quedaron rezagadas por falta de planeación, organización, logística, comunicación y tácticas de reacción ante el desastre.
Posteriormente, al convertirse el Colegio Rébsamen en el centro de atención de todos los medios de comunicación por ser niños los damnificados, en un acto de desesperación el Gobierno Federal se vio obligado a controlar el escenario con la presencia de la Marina y Policía Federal y crear la historia falsa de la niña «Frida», lo cual fue una estrategia errónea e insensible que terminará afectando gravemente la imagen institucional del país.

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