Canadá, Alemania, Francia, Italia, España, Gran Bretaña, Suecia, Finlandia, pidieron al presidente López Obrador que no lo hiciera… y lo hizo: de un manotazo se quedó con el monopolio de la generación de energía eléctrica, lo que significa ponerse un peldaño antes de expropiar empresas privadas. Y encima, el que va a manejar todo esto es el funcionario más cuestionado de su administración: Manuel Bartlett Díaz, director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).


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