“Los buenos gobiernos se conocen cuando lo que hacen vale más que lo que sus opositores dicen”
Antonio Maura
El mundo se encuentra en proceso de un nuevo orden, todos los países son responsables de su gobierno, economía y medio ambiente, pero todos son corresponsables de lo que sucede globalmente.
La crisis financiera del 2008 fue originada por falta de ética profesional e irresponsabilidad por parte de banqueros, especuladores, inversionistas y funcionarios de gobierno, finalmente, corrupción en las más altas esferas. A pesar de ello, la sociedad también coadyuvó a generar esa espiral por una ausencia de cultura financiera.
En cuanto a medio ambiente, la industria, las autoridades gubernamentales y la sociedad han admitido que el cambio climático es un desafío que sólo juntos podrán enfrentarlo. Una muestra de reconocimiento de responsabilidad compartida en nuestro planeta fue la 16ª edición de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP16) y la 6ª Conferencia de las Partes actuando como Reunión de las Partes del Protocolo de Kyoto (CMP6), celebradas en Cancún, México.
La responsabilidad social (RS) es aquella que deben asumir los actores (gobierno, organizaciones e individuos) por sus acciones en el contexto social, es decir, el impacto positivo o negativo que traen consigo las actividades o decisiones individuales o de grupo en nuestro entorno. En términos coloquiales, la responsabilidad social es un deber que tienen todos los ciudadanos hacia la sociedad en su conjunto.
Existen otros tipos de responsabilidades como la corporativa (RSC) o empresarial (RSE), donde las empresas se comprometen a contribuir en lo social, económico y ambiental. Sin embargo, no podemos omitir a la responsabilidad política, cuya imputabilidad proviene del uso que hace un órgano o un individuo en el poder y que puede derivar en una responsabilidad jurídica.
Por otra parte, los partidos políticos están obligados a ser una oposición responsable socialmente, no deben ofrecer soluciones ligeras, temporales y sin sustento a los problemas que viven los ciudadanos. Es muy fácil objetar las acciones de gobierno, pero muy difícil para un gobernante contrariar el Interés Superior de la Nación (interés público supremo).
La responsabilidad social no solamente comprende empresas y gobierno, por ende, es importante que líderes y ciudadanía actúen bajo este principio prioritario e imprescindible para la nueva cultura política de esta era.

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