“No hace falta un gobierno perfecto, se necesita uno que sea práctico”
Aristóteles
Era 1988, el sistema computacional de conteo de votos se había caído, le aseguraban a la oposición, asumía el cargo de Presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Su sexenio se caracterizó por el impulso de una economía liberal y situaciones políticas adversas en nuestro país.
Carlos Salinas de Gortari firmó el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, abrió el mercado de México al mundo y llevó a cabo la privatización de empresas estatales como Teléfonos de México (TELMEX), así como de la banca. También implementó un programa de desarrollo social para combatir la pobreza extrema, denominado Solidaridad, mismo que fue reconocido y tomado como modelo en muchos países y por otra parte, en su gestión gubernamental restableció la relación de Iglesia-Estado y el canal de comunicación con el Vaticano mediante la diplomacia.
En 1994, a pesar de los avances y logros, se presentaron situaciones políticas y sociales de gran impacto: los asesinatos del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, José Francisco Ruiz Massieu y Luis Donaldo Colosio Murrieta; el levantamiento armado en Chiapas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN); y por último, la crisis económica y financiera.
Ernesto Zedillo Ponce de León (PRI) llegó al poder con una inestabilidad política y económica (Efecto Tequila), miles de empresas en quiebra y múltiples deudores con las instituciones crediticias. En tales circunstancias, ideó el Fondo Bancario de Protección al Ahorro con el objeto de rescatar el sistema bancario, implantó un blindaje financiero para proteger al país ante acontecimientos similares, recuperó empleos y administró el gobierno eficientemente.
En lo político, estabilizó al país y se convirtió en el padre de la transición democrática por abrir paso a la conformación de la primera mayoría opositora en el Congreso de la Unión, por el reconocimiento del triunfo de la misma en varias entidades federativas y finalmente, al legitimar la victoria de Vicente Fox Quesada, como primer presidente emanado del Partido Acción Nacional (PAN) y del bloque opositor en la historia moderna de México.
En el 2000, Vicente Fox Quesada entró a Los Pinos (Casa de Gobierno) y su gobierno se distinguió por promover la transparencia y rendición de cuentas, la certificación y sistemas de calidad en la administración pública, el insistente llamado para consolidar una reforma migratoria, programas sociales como el Seguro Popular y por último, la creación de la Agencia Federal de Investigación (AFI) en materia de seguridad.
Sin embargo, hubo varios acontecimientos durante su administración tales como el conflicto de San Salvador Atenco, enfrentamientos políticos de carácter internacional -política exterior- con distintos países (Cuba, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Ecuador) y la disputa del canal CNI 40, entre otros.
Felipe Calderón Hinojosa (PAN) accede al gobierno con un cuestionamiento de legitimidad, un sistema político agotado y un entorno económico difícil (crisis financiera mundial). Su administración se ha centrado en el tema de seguridad y empleo, fuertemente criticado por la oposición, pero que aún con todos los obstáculos empieza a dar resultados.
El actual gobierno ha logrado avances en desarrollo social (combate a la pobreza), salud y empleo.
En el 2000, el programa Progresa cubría a 2.5 millones de familias pobres y hoy, el programa Oportunidades ayuda a 6.5 millones y en cuanto a salud, 47 millones de personas tenían cobertura médica y en el presente, alrededor de 93 millones de mexicanos. En lo referente al empleo, el Presidente de la República ha anunciado un registro histórico en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la generación de 960 mil nuevos empleos en lo que va del año.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México tendrá un crecimiento de 3.5 por ciento entre el 2010 y 2011 y subirá a 4.2 por ciento en el 2012, por lo que será uno de los miembros con mayor progreso.
La realidad es que el narcotráfico y el crimen organizado, la falta de oportunidades y la desigualdad, son problemas que los venimos arrastrando desde hace muchas décadas, no se los podemos atribuir sólo a los gobernantes o partidos políticos, ¿qué hicimos o hemos hecho los ciudadanos?.
Durante estos últimos veintidós años, la política económica ha prevalecido bajo los mismos principios de conducción y ello ha permitido el crecimiento económico y la disminución de la pobreza, en base a la continuidad de una misma política social.
Si analizamos quienes han dirigido transexenalmente la economía y las finanzas del país, podremos encontrar varios eruditos y personalidades como Francisco Gil Díaz y Guillermo Ortiz Martínez. En este rubro sí ha habido acuerdos entre los distintos gobiernos y las máximas instituciones de la economía global: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y nuestro vecino, los Estados Unidos de Norteamérica.
Hay un rezago que ha sido un común denominador en los últimos cuatro sexenios, la falta de voluntad e irresponsabilidad de la clase política del país para aprobar las reformas estructurales y urgentes, como son la fiscal, laboral, energética y política, ya han pasado varias legislaturas.
El 2010 debe de ser el punto de inflexión histórico de cambio en México, celebramos el Centenario y Bicentenario de la Revolución e Independencia y es el momento para acordar un proyecto nacional, donde las coincidencias opaquen a las diferencias y donde el Interés Superior de la Nación esté por encima de los intereses de los grupos de poder económico y político.
Es el tiempo del ciudadano, es la era de la corresponsabilidad social.
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