C. Josefina Vázquez Mota
C. Andrés Manuel López Obrador
C. Enrique Peña Nieto
Estimados candidatos a la Presidencia de la República:
Durante la colonia, las injusticias y los abusos formaron la idiosincrasia del mexicano, una sociedad sin deseos de participación en la toma decisiones. En el siglo XIX, la independencia marcó una nueva fase en la vida de nuestro país y la lucha entre liberales, conservadores y la iglesia mantuvieron en el poder por largos periodos a distintos personajes, lo cual llevó a una revolución, misma que se tradujo en una Constitución y un nuevo régimen político.
Un punto de inflexión en la historia es sin duda alguna el movimiento estudiantil de 1968, amas de casa, profesionistas, maestros y obreros fueron partícipes del mismo, su lucha fue por mayores libertades y la finalización de gobiernos autoritarios, ella posteriormente trajo como consecuencia la guerra de guerrillas dirigida por Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, una etapa conocida como “la guerra sucia” de los años 70’s.
La reforma política de 1977 impulsó la creación del Colegio Electoral, las coaliciones y la representación proporcional, con el fin de otorgar mayor equidad y transparencia en los procesos electorales, además de dar espacios a las minorías. En los años 90’s, se alcanzó la meta electoral más sustancial, surgió el Instituto Federal Electoral (IFE) y se regularon nuevos procedimientos para dar certeza jurídica a los derechos políticos.
En 1988, las izquierdas unidas de México estuvieron cercanas al cambio, pero no fue sino hasta 1997 cuando el partido gobernante pierde la mayoría en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y en el año 2000, Vicente Fox Quesada se convierte en el primer Presidente de la República emanado de la ala opositora al régimen de más de 70 años.
La desigualdad y la falta de oportunidades siguen vigentes en nuestro país, la pobreza, el desempleo y la inseguridad son problemas originados en el pasado, a pesar de ello, son las principales banderas electorales del presente.
México ha vivido una alternancia, más no una transición democrática, aún somos incapaces de reconocer nuestra corresponsabilidad social, gobierno y sociedad civil. Habrá transición en el gobierno, cuando exista voluntad política que derive en acuerdos a corto, mediano y largo plazo en las reformas prioritarias, programas y políticas públicas y en su momento, donde la ciudadanía deje su pasividad.
Actualmente, la falta de educación y cultura política impiden a la mayoría de la ciudadanía a colaborar en las grandes tareas de México, todavía no somos una sociedad democráticamente avanzada, resta mucho camino por recorrer.
La reelección y la revocación de mandato, son elementos de las grandes democracias, no de la nuestra. La oligarquía en su manifiesto puro de la partidocracia y familiacracia -las tres familias gobernantes del país, estados y municipios- no han permitido el desarrollo, fomentando la corrupción al apoyar económicamente a los menos aptos.
México está cansado, ha llegado al hartazgo social, sólo los privilegiados no lo admiten, necesitamos perfiles con capacidad y experiencia.
El gobierno de coalición, es una alternativa gubernamental que obliga a las mayorías y minorías a estar de acuerdo en las soluciones para el país, impone la voluntad política a través del procedimiento parlamentario.
En el contexto internacional de la crisis de la globalización, el libre mercado y el capitalismo en si, encontramos al sistema financiero opaco, no da más, ni puede dar más, urge un nuevo orden mundial.
¿Qué necesita México?, un proceso electoral donde los millones no sean dinero, sino gente que escuche las propuestas de los candidatos, simplemente opciones viables.
Propongo en el 2012, debates conjuntos en puntos consensuados geográficamente entre los candidatos a la Presidencia de la República, así como en los otros niveles de gobierno y poderes, donde se discutan los diversos temas como desarrollo social, economía, salud y demás, todo ello con el objeto de reducir los gastos de campaña y valorar las definiciones de cada quien.
Estamos fatigados de lo enunciativo, nos apremia lo explicativo: ¿qué?, ¿para qué? y ¿cómo?.
Por el Interés Superior de la Nación, ¡libertad, igualdad y fraternidad!.


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