“Las guerras se hacen para producir deudas” Ezra Pound
La incertidumbre y la alta volatilidad en los mercados financieros internacionales son consecuencia del sobreendeudamiento de diversos países del mundo, un mal manejo de sus finanzas públicas.
El Gobierno Federal tiene finanzas públicas más sanas frente a los estados y municipios, lo podemos observar en la reducción del gasto corriente en los últimos once años, al pasar de 44.8% a 31.4% en servicios personales (capítulo 1000 -nómina) y de 29.5% a 24.8% en su gasto de operación. Por otro lado, se han aumentado de 5.2% a 22.7% los recursos públicos para programas sociales, un equivalente a siete veces lo destinado en el 2000.
Según la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el gasto de inversión se ha elevado en más de nueve puntos como proporción del gasto programable, de 15.1% en el 2006 a 24.6 en el 2011.
Actualmente, la deuda pública del Gobierno Federal se mantiene en un tercio del Producto Interno Bruto (PIB), sin embargo, los estados y municipios la han acrecentado significativamente, sus obligaciones financieras ascienden en el primer trimestre del año a 315 mil millones de pesos, un incremento real de 122% en relación al 2000.
La deuda pública de los estados representó el 50.3% de las participaciones federales en el 2001, nueve años más tarde alcanza el 72%.
A pesar de ello, durante el lapso de enero a julio de 2011, las participaciones federales pagadas a entidades federativas ascendieron a 247,699 millones de pesos, lo cual se traduce en un crecimiento en término real anual de 7% con respecto al mismo periodo en el 2010.
Hoy, las entidades federativas y los municipios reciben más recursos federales, el cuestionamiento es ¿qué sucede con sus finanzas públicas?.
El problema de las finanzas públicas en los estados y municipios radica esencialmente en la falta de fuentes de ingresos propios, el excesivo gasto corriente, el sobreendeudamiento, la corrupción y la insuficiente transparencia y rendición de cuentas de la administración de los recursos públicos.
La “Ley de Coordinación Fiscal” tiene por objeto regular y fijar las reglas de distribución de las participaciones, aportaciones y fondos a los estados y municipios. Las variables más importantes para asignar los recursos federales son las siguientes: a) El PIB; b) La recaudación de impuestos y derechos locales; c) El nivel de población; y por último, d) La pobreza extrema.
Por lo tanto, es importante establecer nuevos criterios para la distribución de las participaciones, aportaciones y fondos a los estados y municipios en la “Ley de Coordinación Fiscal”, tales como el grado de endeudamiento, el gasto corriente y la transparencia y rendición de cuentas.
Por otra parte, es prioritario tener órganos de fiscalización autónomos y contar con el recurso humano idóneo en las áreas de finanzas de ambos niveles de gobierno, a través de una ley de servicio profesional de carrera.
También, es necesario reformar, adecuar y homologar en los estados las leyes de deuda pública con mayores controles, las de responsabilidad de los servidores públicos con sanciones más severas y las de transparencia y rendición de cuentas.
Es inconcebible seguir permitiendo el endeudamiento de los estados y municipios.



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